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Diablitos

Por: Milcíades Ortiz Catedrático -

El calor del verano me hacía sudar dentro de la máscara que había hecho con papel periódico, tierra de nido de arriera, goma de yuca y pintura de colores. Al cuello tenía amarrada una toalla colorada y en la cintura pedazos de tela colorida y unas viejas zapatillas. ¡Era todo un diablito sucio del Carnaval! Mi hermano Orlando y un amiguito golpeaban unas latas produciendo un ruido parecido a música, para que el diablito bailara pidiendo plata a las personas de Parque Lefevre. Mi mente se va por el “túnel del tiempo” para recordar los Carnavales panameños de los años 50, distintos a los de ahora. Ningún policía perseguía a los señores embarrados en grasa llamados resbalosos, que atemorizaban especialmente a las mujeres.

Los diablitos pedían dinero y se contentaban si les daban un real que en esa época valía bastante. Se gozaba de manera sencilla con disfraces que los hacían las mismas personas. Mi papá me enseñó a hacer máscaras de Carnaval usando un molde de tierra y papel periódico. Varios adultos se disfrazaban de los personajes conocidos. Entre ellos Robin Hood, King Kong, el monstruo de la Laguna Negra, Frankenstein y Drácula. Por Parque Lefevre circulaba un mecánico con cara de pocos amigos… ¡disfrazado de mujer! Al preguntar a papá por qué ese hombre se vestía así, explicaba que el Carnaval era relajo y él lo hacía para burlarse.

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Los culecos casi ni se conocían aunque les echaban agua a las personas. Por la tarde se iba a la avenida Central para ver el desfile de Carnaval… y participar en la guerra de serpentinas y confetis. Las murgas eran sencillas y nadie se molestaba si se tomaba licor en el desfile o en las aceras. Al final del desfile, a veces aparecían unos caballeros de cierto nivel social con tragos en la mano y cantando “abran paso que vienen los huevos largos”. Por la noche estaban los toldos, lugares populares al aire libre donde se bailaba por poco dinero. Algunas orquestas del extranjero participaban en los toldos y la fiesta que se hacía en hoteles.

El reinado era manejado por chicos de sociedad. La reina visitaba y bailaba en varios toldos con el pueblo. En esos años no había tantas personas en la ciudad de Panamá, ni tampoco la maleantería de ahora. El Carnaval de la capital era el mejor, pero ya se hablaba del Carnaval de Las Tablas. (¡Qué tiempos aquellos!).

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